De playas colgadas en paredes que parecen reales

200px-Joaquín_Sorolla_004Al principio de este mes aprovechamos para hablaros muy brevemente de la exposición que la Fundación Mapfre había abierto el 26 de septiembre sobre Joaquín Sorolla y su relación con Estados Unidos a lo largo de su dilatada carrera artística. La semana pasada pude ir a visitarla y no puedo decir menos que invitaros a visitarla porque es preciosa. Para ir abriéndoos el apetito, os venimos a contar lo que podéis encontraros.

Al pararte a pensar en este tipo de exposiciones, en las que un artista es ligado por alguna razón a un lugar, lo normal es pensar que los comienzos sean errados, pero con Sorolla eso no ocurrió. Cuando él comenzó a mostrar interés por la sociedad estadounidense, ellos ya tenían obras suyas en sus paredes y disfrutaban con su forma de captar el mundo. Esto se demuestra con piezas que fueron premiadas tanto en España como en Estados Unidos y adquiridas por coleccionistas.

cristóbal-colón-saliendo-de-puerto-de-palos-1910-óleo-sobre-lienzo-232x162cm-donación-de-archer-huntingtonNo fue hasta 1909 que se puso en marcha el viaje que llevaría a Sorolla a Estados Unidos. Este vino formulado en forma de petición, cuando Archer Milton Huntington, el que sería su mecenas en el Nuevo Mundo, le propuso realizar en su galería de Nueva York la primera retrospectiva de su obra allí. Esta exposición tuvo un inusitado éxito tanto en visitas como en compra de catálogos, además de que ayudaría a Sorolla a ser más conocido para lo que vendría más adelante.

Así como Huntington le acogió bajo su protectora ala, Thomas Fortune Ryan fue uno de los primeros que hizo trabajar a este artista por encargo. Le pidió tanto retratos como alguna obra más ambiciosa, de las cuales la mejor recogida en esta exposición es Cristóbal Colón saliendo del puerto de Palos. Para este trabajo Sorolla viajó a Andalucía con motivo de poder documentarse apropiadamente, se tomó tan en serio en proyecto que ejecutó un total de nueve estudios al óleo en los que variaba la luz que iluminaba la escena y cambiaba detalles.

mrs-william-h-gratwickTampoco hay que olvidarse de la larga lista de retratos que le fueron encargados, aunque él no se considerara retratista ni en lo más mínimo, hay que reconocerle que su talento es innegable para este tipo de piezas. En un principio le podemos encontrar constreñido en el retrato elegante, en la que el artista debe dejar a un lado su libertad creativa y entregarse a halagar al retratado. Aún así, nos es posible avistar al genio por la psicología del personaje, ya que parece salirse del lienzo y volverse tangible entre nosotros. Un buen ejemplo de esto es el retrato de Mrs. William H. Gratwick, que me mantuvo en vilo durante minutos interminables con su expresión de regocijo inamovible.

mary lillian dukeEn 1911 podemos ver un cambio en sus retratos, ya que Sorolla demuestra su capacidad de jugar con la luz para dejarnos estupefactos una vez sí y otra también. En este caso me gustaría destacar el de Mary Lillian Duke, donde la delicadeza del rostro de la retratada y su vaporoso vestido entran en armonía con la luz tan bien trabajada.

En este momento seguramente que muchos de vosotros os estáis preguntando por qué no se ha nombrado ya el lugar que tan famoso hizo a Sorolla: la playa. Y es que los norteamericanos no fueron inmunes al encanto con el que este pintor creaba lugares idílicos, casi mágicos con la arena y el mar adentrándose en la orilla. El ejemplo más excepcional de ello es la obra Corriendo por la playa que podemos ver en estado previo gracias a los cuatro estudios preparatorios con los que se expone en estas salas. Se puede atisbar la forma de trabajar de Sorolla gracias al cambio de posiciones, la fusión de elementos y la repetición de otros constantes.

corriendo por la playa

saliendo del bañoPor otro lado, Saliendo del baño nos representa a un bella joven, vestida igual que la que jugaba en el cuadro anteriormente nombrado. Su vestimenta está completamente empapada y se adhiere a su piel delicadamente mientras esboza una pequeña sonrisa compartida con el joven que sostiene la toalla a sus espaldas. La plasticidad del tejido y la luminosidad de la escena provocan conjuntamente unas transparencias perfectas.

Aunque los norteamericanos parecían enamorados de las escenas folclóricas, Sorolla se dejaba llevar por jardines y paisajes diferentes, en los que la quietud reinaba y el silencio parecía ser lo más importante. En estos lugares cualquier cosa era posible, porque la magia de la escena no dejaría que el secreto se escapara entre sus hojas, como es el caso de Idilio entre flores.idilio entre flores

Para terminar volvemos al comienzo, volvemos a la primera idea del artista, la fugacidad de un escenario, de un pensamiento y lo vemos esbozado en diversos apuntes, casi manchas y con ideas para los colores que usará en su composición final. Gracias a este final (que realmente no supone más que el verdadero principio) nos ayuda a comprender a este pintor que capturaba la luz del sol como si la comprendiera mejor que el paso mismo del día.

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