Olor a rosas

LawrenceAlmaTadema-Under-the-Roof-of-Blue-Ionian-Weather-1903Para visitar una exposición creemos que los sentidos fundamentales son la vista o incluso el tacto como pudimos ver hace unas semanas en “pongamos que hablo de formas de exponer”, pero el museo nos debe advertir de que el olfato también entra en juego. Me llevé esa sorpresa con la pasada exposición Alma-Tadema y la pintura victoriana en la Colección Pérez Simón que acogió el Museo Thyssen Bornemisza durante estos meses.

Cuando se cumple un siglo de la desaparición de la pintura victoriana. El museo ha conseguido transportarnos a esa época gracias a la colección que Juan Antonio Pérez Simón, un hombre de negocios mexicano de origen español, vino reuniendo desde hace una treintena de años.

Las cincuenta obras proporcionan una amplia panorámica de esta pintura, que abarca desde los años sesenta del siglo XIX al inicio de la Primera Guerra Mundial, e ilustran perfectamente los dos grandes ejes de esta creación: el culto a la belleza formal y la pasión por la cultura grecorromana, cuyo representante más genuino es Lawrence Alma-Tadema.

The_Roses_of_Heliogabalus

La obra principal Las rosas de Heliogábalo es realmente impresionante tenerla frente a frente. La historia que rodea la obra hace que sobrecoger al espectador. ¿No la conoces? Te la cuento.

Heliogábalo, fue emperador de Roma con tan sólo 14 años, siendo asesinado cuatro años después en un complot. En una ocasión, Heliogábalo invitó a comer a su mesa a una serie de personajes romanos. Mientras disfrutaban de la comida ordenó que una lluvia de violetas y rosas cayera desde la parte superior del salón. Fue tal la cantidad de flores que empleó que muchos de los comensales murieron asfixiados.

Ya puestos en situación. Tras conocer la historia y enfrentarte a la realidad de la escena es casi imposible no salir de la sala con sensación de angustia con niveles muy altos. La alegre mirada del emperador brindando por la muerte de sus invitados a manos de algo tan bonito como una rosa crea una atmósfera agridulce en la sala. Además si añadimos el detalle que tuvo el museo de esconder debajo de uno de los bancos esencia de rosas, hizo que no hiciera falta la máquina del tiempo para transportarme a ese banquete ahogándome junto a ellos, sintiendo su dolor.

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