Turismo en los museos

20080901003024-mafaldaAntes de nada me gustaría advertir que esta entrada se trata de una generalización y que espero no ofender a nadie escribiéndola.

¿Cuántas veces habéis ido a un museo para ver la última exposición temporal y todo lo que os habéis encontrado es una horda de turistas armados con sus cámaras disparando a diestro y siniestro?

En mi caso me ocurre más de lo que me gustaría porque cuando lo veo me pregunto si realmente lo estarán entendiendo o incluso disfrutando. Es algo que se repite siempre que vas a una sala de exposición, sea la época que sea pero tratándose de verano, se da más de lo habitual y en mayor número.

No estoy diciendo que no esté bien acudir a los museos en verano o cuando estás de viaje por una ciudad que no es la tuya, básicamente porque yo también lo hago. Pero hay formas y formas de acudir a ver arte.

Podemos encontrar a la típica familia con niños pequeños que preferirían estar en cualquier otro lugar antes de encerrarse entre cuatro claustrofóbicas paredes para ver cuadros que no saben lo que son y que, en la mayoría de los casos, no les interesa lo más mínimo. En este caso los niños suelen ser arrastrados por los padres o dedicarse a corretear por las salas volviendo locos a seguridad, los padres y el resto de los visitantes, además de aburrirse ellos mismos con ostras. No suele ser una buena experiencia para los niños, si me apuras lo único que logran es que le cojan manía al arte y a los monumentos en general.

También existen los que más que disfrutar sus visitas lo que hacen es inmortalizarlas con su cámara de fotos. Para mí es una completa pérdida de tiempo porque si lo que quieres es verlo todo a través de un objetivo, no viajes y búscalo por Internet. Lo verdaderamente bonito de ir a un museo es vivir el arte en persona, poder apreciar las pinceladas, el grosor de la línea, el relieve de la pintura y, por supuesto, darte cuenta del envejecimiento de las obras de arte para concienciarte de que es importante que estén bien conservadas para que duren y puedan disfrutarlas muchas más generaciones.

Por último está el grupo de los quejicas, esas personas que pasean por las salas como si les pesara el alma misma y les repateara tener que ver las obras de arte que tienen a su alrededor. Con lo bonito que es pasear por salas con arte de siglos pasados, imaginando cómo verían ellos las mismas obras que ves tú y disfrutándolas.

Mis recomendaciones para todas estas personas es que si quieren acercarse a este mundo cultural y precioso, pero no saben cómo hacerlo, intentarlo a través de guías turísticas o audioguías. Hoy en día, gracias a la tecnología y la globalización se puede encontrar en muchísimos idiomas y temáticas, que pueden ser más atractivas para distintos tipos de público. De este modo cualquiera puede entretenerse y aprender sin darse cuenta y, además, sin aburrirse.

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2 pensamientos en “Turismo en los museos

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