Del griego que retrataba almas

A lo largo de estos meses del 2014 hemos estado hablando de Doménikos Theotokopoulos. De su formación artística antes de llegar a España, de sus primeros encargos al llegar a ese mismo país, de los apóstoles que pintó y de sus extraordinarios paisajes. Pero antes de dejar a este artista en su 400 aniversario de muerte, no podemos dejar pasar la oportunidad de hablar de sus maravillosos retratos.

Este género le acompañó a lo largo de toda su carrera artística desde su formación en Italia, tomando como inspiración al gran Tiziano con la colocación de medio cuerpo para los retratados y los fondos neutros.

Aunque no contemos con tantas muestras de retratos como de obras religiosas en el inventario de este artista, son un género que cultivó y que posee un inestimable valor artístico, ya que la maestría con la que retrata es una de las más impresionantes de la Historia del Arte.

Es importante saber que, a pesar de su evolución, todos sus retratos gozan de unas características en común que los hacen muy reconocibles. La caracterización de los personajes es capaz de captar a la perfección el carácter y personalidad de los retratados. Además de contar con una sobriedad y naturalidad que coexisten perfectamente.

Retrato-GiulioClovioComo he adelantado anteriormente, durante su formación en Italia el artista ya fue elogiado por el miniaturista Giulio Clovio cuando lo introdujo al cardenal Farnesio. Entre el año 1571 y 1572 realizó el Retrato de Giulio Clovio en la que el susodicho fue inmortalizado con una obra ilustrada que desarrolló para el cardenal anteriormente citado, que era el Libro de las Horas de la Virgen. La importancia de esta obra está destacada en el lienzo por el mismo retratado, que lo señala de forma obvia. El traje que viste es sobrio y a su izquierda se puede observar una ventana que rompe con la neutralidad del fondo, abriéndose a un paisaje.

Retrato-ElcaballeroconlamanoenelpechoCuatro años después de su llegada a España, en 1580 se data una de sus obras más reconocidas El caballero de la mano en el pecho. Se ha convertido en uno de los hitos dela Historia del Arte y en un imprescindible entre la obra de El Greco. Gracias a algunos detalles, como el hecho de estar la firma en mayúscula, se sabe que es una obra temprana que fue abandonando a lo largo de su estancia en España.

Es considerado el símbolo de la caballerosidad española. Su mirada estoica y clara se clava en el espectador y el gesto audaz de su mano, anclándose en el pecho que da nombre al cuadro expresa solemnidad y compromiso.

Uno de los grandes misterios de esta obra es la identidad del retratado, llegándose a equiparar a la representación de un ideal o prototipo de caballero ennoblecido. Aunque también se barajan hipótesis variadas como que puede tratarse de un retrato de Miguel de Cervantes y Saavedra, o del secretario del rey Felipe II, Antonio Pérez.

El mismo gesto que antes destacaba como fundamental ha sido uno de los motores que ha facilitado la posible identificación de este personaje con el tercer marqués de Montemayor, llamado Juan de Silva y de Ribera que fue nombrado por el rey, alcaide del Alcázar de Toledo y notario mayor del reino. Este cargo acreditaría la acción de la mano del caballero como un juramento, en ademán solemne.

Las numerosas restauraciones realizadas a esta obra han podido minar en cierto modo su valor y estudio. Además de su limpieza y aseguración, se realizaron cambios en el fondo y la vestimenta del retratado. Esto causó una polémica cuando en 1996, se procedió a limpiar todos sus repintes realizados por las restauraciones previas y causó un cambio completo de la imagen que se había tenido de esta emblemática obra.

Retrato-HortensioParavicinoPara finalizar con este viaje por los retratos de El Greco, quiero destacar el Retrato de Fray Hortensio Paravicino realizado en 1609. No solo por su valor artístico, sino por la relación de amistad que mantuvieron entre ellos. Paravicino fue un fraile dominico considerado como un gran intelectual, llegando a ser profesor de retórica en la Universidad de Salamanca con solo veintiún años. El retratado está representado en posición sedente, con la vista fija en algún punto fuera del cuadro. Una de sus manos se apoya en el respaldo de su asiento, mientras que la otra están posada en dos libros, seguramente de retórica y poesía, las dos pasiones del fraile.

Es una oda a la naturalidad del personaje, a su carácter sencillo y amable, además de a la cultura que atesoraba. Aunque fue Paravicino el inmortalizado pictóricamente hablando, la amistad funcionó en los dos sentidos porque a la muerte de El Greco, le dedicó cuatro sonetos de elogio entre los que he elegido uno para terminar este homenaje a uno de los más grandes entre los grandes.

Del Griego aquí lo que encerrarse pudo
yace. Piedad lo esconde, fe lo sella,
blando le oprime, blando mientras huella
zafir la parte que se hurtó el nudo.

Su fama el orbe no reserva mudo
humano clima, bien que a oscurecella
se arma una envidia y otra: tanta estrella
nieblas no atiende de horizonte rudo.

Obró a siglo mayor, mayor Apeles,
no el aplauso venal, y su extrañeza
admirarán, no imitarán edades.

Creta le dio la vida y los pinceles;
Toledo, mejor patria donde empieza
a lograr con la muerte eternidades.

Fray Hortensio Paravicino (adaptado por Francis Cerdán).

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