Del griego que partía el mundo en dos

Un mes más, siguiendo la tradición que comenzamos el 23 de enero y que repetimos el 6 de marzo y el 3 de abril, hoy regresamos al Toledo del siglo XVI, más concretamente a cuando el Greco pintó El entierro del Conde de Orgaz entre 1586 y 1588. Este cuadro, considerada una de sus obras más admiradas y como cumbre del manierismo, le fue encargado por don Andrés de Nuñez, párroco de Santo Tomé en la ciudad de Toledo.

Esta iglesia, que data en origen del siglo XII y que se reconstruyó por encargo del Señor de Orgaz, que entre sus cargos ostentaba el de notario mayor de Castilla. En la actualidad solo conservamos la espléndida torre mudéjar de planta cuadrada que fue realizada en ladrillo con mampostería encintada.

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En este óleo sobre lienzo de unas dimensiones de 480 x 360 centímetros, se recoge el místico suceso que se relató de padres a hijos durante doscientos años en la ciudad de Toledo y que cuenta lo que acaeció en el entierro del Señor de Orgaz. Y digo Señor de Orgaz y no Conde, porque la villa de Orgaz no fue nombrada condado hasta mucho después de la muerte de Gonzalo Ruiz de Toledo, protagonista indiscutible de la obra que voy a introduciros a continuación.

El primer rasgo que llama la atención de este cuadro es la composición, dividida en dos estadios bien diferenciados y que serán una marca personal del Greco a lo largo de su carrera. Son la representación de las dos dimensiones de la existencia humana, por un lado está el universo terrenal en el que los individuos desarrollan sus vivencias carnales, y por otro la dimensión celestial o la gloria, en la que la resurrección de la carne y el espíritu es posible junto a los ángeles y los santos. Es muy importante percatarse de los cuerpos distorsionados, las posturas en escorzo y los colores ácidos.

detallecondeysanagustinLa parte inferior, que representa el primer estadio se encuentra centrado en la figura del Señor de Orgaz que, según contaba la leyenda, durante su entierro bajaron del cielo San Agustín y San Esteban para depositar respetuosamente el cuerpo de este noble en el sepulcro. Gonzalo Ruiz fue alcalde de Toledo, señor de la villa de Orgaz y notario mayor del rey don Sancho el Bravo. Está representado con una bruñida armadura de acero en contraposición con lo que normalmente se ataviaba al difunto, que era un sudario. Su alma se le escapa como un suspiro y que ascenderá hacia el siguiente estadio del que hablaremos más adelante. El detallismo que El Greco encarna en la armadura es muy vistoso con unas preciosas cenefas.

detallesanestebanSan Esteban, representado como un joven diácono y el primer mártir de Cristo. Lleva una vestidura dorada que destaca entre las oscuras que llevan los caballeros que tiene a su espalda. Entre los pliegues podemos encontrar bordado el conocido episodio de su martirio, tratado con cuidado y detalle. En él se ve a un grupo de hombres desnudos, frente a la arrodillada personificación de San Esteban, alzando unas piedras con intención de lapidarlo. Al fondo de la misma escena se ve una figura sedente, que representaría a Dios escuchando las suplicas de San Esteban que le ruega no tener en cuenta lo que está ocurriendo, y otra de pie en actitud intercesora que podría tratarse de Cristo. El detallismo de sus vestiduras es impresionante, pudiendo encontrar borlas rojas y flores blancas en los intrincados bordados.

detallesanagustinSan Agustin fue uno de los padres de la Iglesia y se le representa ataviado con un rico ropaje litúrgico de obispo con bordados en oro, incluida la mitra. En sus vestiduras encontramos a tres personajes importantes para el cristianismo, retratados con la riqueza de sus características, San Pablo, Santiago el Mayor y Santa Catalina de Alejandría. Además del detallismo que ya he mencionado anteriormente, es importante en esta figura que se tenga en cuenta el descubrimiento de que su rostro es un retrato del Cardenal Quiroga.

detalleroqueteyandresDelante de ellos y de espaldas a los espectadores se encuentra un cura con un precioso roquete, que es esa vestidura eclesiástica más corta que la túnica hecha de lino. En ademán sorprendido abre los brazos y alza los ojos al cielo viendo cómo el alma del Señor de Orgaz entra en el reino de los cielos. No se encuentra interpelando a la comitiva, ni ofreciendo la misa, simplemente se encuentra impresionado por la gloria que está contemplando. Lo increíble de esta figura es el roquete del que os he hablado, que posee unas transparencias blancas que supusieron un gran trabajo para el pintor y que se ha alabado a lo largo de la historiografía del arte.

El cura que está celebrando el responso se encuentra vestido con una túnica pluvial negra con dorados. En la capa puede observarse un retrato de Santo Tomás con una escuadra de carpintero y una calavera negra. Él es la representación de don Andrés Nuñez, párroco de Santo Tomé que encargó esta misma obra al Greco.

detallejorgemanuelEn primer plano y alineado a la izquierda nos encontramos con Jorge Manuel, el hijo del pintor con diez años. Su gesto de mano es suficiente para introducirnos en la representación de la escena principal. La prueba más firme de la identificación de este niño con Jorge Manuel es el pañuelo que se escapa de su ropa y en el que viene inscrito el nombre de Domenicodetalleagustinofranciscano Theotocopuli y 1578 que no es la fecha de realización si no el año de nacimiento del niño.

Detrás de él se sitúan un fraile agustino que habla a uno franciscano, con un ademán que indica que está explicándole lo que está ocurriendo. Las sobrias vestiduras destacan entre el resto de caballeros y religiosos.detallegreco

La fila de personajes que encontramos vestidos de acuerdo con la moda de la época del Greco son personajes de su contexto, entre los que podemos destacar al mismo Domenico cuya mirada se dirige hacia los espectadores con expresión atenta. A su lado se encuentra representado un fraile dominico que alza ligeramente los ojos al cielo.

En la parte superior nos encontramos con la parte celestial y aunque la previa y esta se encuentran perfectamente delimitadas, el Greco dejó un detalle intermedio que une el entierro con el cielo: el crucifijo que preside el entierro.

detalleangelalmaComo primer elemento de este nuevo estadio, hay que hablar del alma, situada entre la gloria celestial y la tierra, acompañada por un ángel rubio de largas alas detalladas y ropajes dorados. La figuración de este alma es la de un humo en forma de niño que parece penetrar entre las nubes que, según algunos estudios, simbolizan la entrada al vientre materno, como si de un alumbramiento hacia la resurrección se tratase.

detallecelestialEl escenario superior está reducido a un semicírculo repleto de nubes en las que se recuestan personajes de distinta importancia. En el centro de la composición, con los brazos abiertos, como dando la bienvenida al Señor de Orgaz u orando, está Cristo. Se le representa recubierto de una gran luminosidad, vestido de blanco y entronizado como juez de justos y pecadores, vivos y muertos. Su rostro es sereno y su actitud de espera, su mano derecha hace un gesto hacia San Pablo cuyas llaves cuelgan por las esponjosas nubes, para que abra las puertas del cielo al alma del difunto.

La Virgen María es la encargada de recibir al Señor de Orgaz, encontrándose a los pies de Cristo. Se trata de la representación canónica de madre de los cristianos. A su lado, pero mirando a Jesús, se encuentra Juan Bautista, vestido de forma humilde y apelando por el muerto.

Este cuadro que, como he dicho al principio, está considerado una de las obras cumbre de El Greco es también el primer retrato colectivo de la sociedad castellana y termina de colocar todas y cada una de las características que conforman el estilo de este artista. Rostros expresivos, miradas especiales y unas manos perfectas son algunos de los rasgos que hicieron del Greco y de El Entierro del Conde de Orgaz sean recordadas como la obra maestra del manierismo y de la Historia del Arte.

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2 pensamientos en “Del griego que partía el mundo en dos

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