Una piedra que emociona

joven rodinA lo largo de la historia del arte, se ha jugado con el concepto de convertir en real algo que no lo es y en muchas ocasiones es difícil diferenciar ambos por las habilidades de los artistas. Hoy hemos decidido hablar de uno de esos artistas que, a través de materiales inertes, fue capaz de representar la vida.

Auguste Rodin (1840-1917) nació en un contexto muy específico en el que no encajaba, el del arte neoclásico que estaba muy entroncado con el academicismo y las normas estrictas del protocolo. Prueba de su nula relación con esta corriente, es el rechazo de la Escuela de Bellas Artes las veces que intentó entrar en ella. Este sistema tradicional en el que los salones y los encargos públicos cerraron las puertas a artistas que después han llenado interesantes páginas en los libros de arte y salas de obras llenas de color y sensaciones. Después de sus intentos, redirigió sus estudios a las Artes Decorativas, que no eran consideradas Bellas Artes y que menospreciaban los artistas. Pese a ello, su trabajo se reconoció en vida y gozó de encargos oficiales para sus obras más importantes.

Rodin travaillant au buste du Pre EymardEl escultor trabajaba con la técnica del vaciado en yeso, aunque lo que ha llegado a nuestros días sean los fundidos en bronce. Es importante tener en cuenta este primer dato porque parece ser que Rodin trabajaba con este material como forma de crítica hacia el valor que el resto de artistas le daban, ya que el yeso era utilizado para realizar meros bocetos de la obra definitiva. Auguste utilizaba el yeso en vez del mármol como un desafío, como una forma de expresar que lo importante era la forma y el símbolo de la imagen, y no el material con el que se hacía.

Uno de los primeros hitos destacables en la carrera de Rodin fue el escándalo desatado por la exposición de La Edad del Bronce en 1877. El tumulto se desarrolló porque, debido a su perfección escultórica, los especialistas denunciaron que había realizado la obra por medio de un modelado al natural, lo que en la época se consideraba polémico. Para que se resolviera la duda, Rodin presentó pruebas y contó con el apoyo de compañeros artistas y finalmente se revocaron las acusaciones. En 1880 fue expuesta en el Salón de París en bronce esta obra que representa a un joven desnudo primitivo que tiene grandes influencias de Miguel Ángel.

El besoCuando en 1880 Edmond Turquet le hizo el encargo de realizar unas puertas para el Museo de Artes Decorativas de París, dudo que ninguno de los implicados supiera que aquel era el comienzo del culmen del arte de Auguste Rodin, porque aunque el encargo se realizó en esta época, el artista nunca la dio por terminada, añadiendo figuras y detalles hasta su muerte. De esta obra salieron varias más que también le granjearon cierto renombre: El Beso y El Pensador.

Ambas se pueden ver representadas en las Puertas del Infierno, nombre con el que se conoce a la obra de gran tamaño que puede visitarse hoy en día en el Museo Orsay (que es el original). La primera de ellas (1887), se conocía originalmente como Francesca da Rimini porque representaba a los personajes de la Divina Comedia de Dante Alighieri que protagonizan el episodio de la lujuria en el viaje al Infierno del protagonista. En la obra puede verse a la pareja de amantes envueltos en un abrazo tridimensional con unas carnosidades y plasticidades más propias del cuerpo real que de un cuerpo de piedra. Como dato curioso, aunque la obra acabó llamándose El Beso por consejo de compañeros de Auguste Rodin, se puede justificar este título inicial de Francesca da Rimini por el libro que sujeta el hombre esculpido. Este volumen representaría la historia de Ginebra y Lancelot que Paolo y Francesca, siendo infieles a sus respetivas parejas, leían cuando fueron descubiertos por el marido de ella.

Rodin devant sa collection d'antiquesEl Pensador, que no fue presentado al público hasta 1904, está considerado como el punto álgido de la obra de este artista, donde volcó los estudios que había realizado sobre Donatello y Miguel Ángel en Italia. En esta figura que parece reflexionar sobre el bien y el mal con un gesto apesadumbrado y grave, se puede ver un claro reflejo del Moisés del artista florentino.

Es imposible terminar este artículo sin hablar de la captación del sentimiento de derrota, ese patetismo humano que Auguste Rodin captó a la perfección en Los burgueses de Calais. Este conjunto, que no necesita pedestal alguno para sobrecoger a quien la contempla, es la representación de los seis burgueses que ofrecieron sus vidas para que el sitiado de la ciudad francesa de Calais que llevó a cabo Eduardo III de Inglaterra en 1346 finalizara. Sus expresiones, sus movimientos, los más de dos metros de altura que ostentan y el impresionismo que denota el conjunto, hacen de esta obra la conclusión perfecta de un escultor magnífico.

Créditos de las imágenes:

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