Hildebrand y el arte degenerado

titularAunque os pueda parecer un tema anticuado, el expolio de las obras de arte volvió al primer plano de las noticias a principios de noviembre, cuando todos los medios se hicieron eco del hallazgo de una colección de 1.500 obras de arte que se daban por perdidos tras la Segunda Guerra Mundial.

Alemania 1933, con la subida al poder del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán presidido por Adolf Hitler y el inicio del Tercer Reich, todo elemento que formaba parte de este país europeo, se convirtió en posible amenaza para el régimen que se impuso. La misma ascendencia, ideología, religión, literatura o el arte, se convirtieron en armas de doble filo con las que esgrimieron argumentos hirientes que por poco acaban con la riqueza cultural que tiene el continente europeo.

Durante el gobierno nazi, previamente al conflicto de la Segunda Guerra Mundial, Hitler puso en marcha procesos de limpieza en todos los ámbitos y uno de ellos fue el arte, otorgándose la potestad de decidir lo que era arte y lo que no. Los del primer tipo eran codiciados por él y sus seguidores, como Hermann Wilhem Göring; para obtenerlos, los requisaban o los adquirían por sumas irrisorias de marchantes y coleccionistas que, en su mayor parte, eran judíos (la familia Rothschild, por ejemplo) y, de ese modo, pasaban a formar parte de su patrimonio. Mientras que los segundos corrieron una suerte distinta, o bien se vendían en subastas públicas por cifras humillantes, o se quemaban y destruían porque se tildaron de arte degenerado.

exposición arte degenerado

Esta denominación se acuñó a todas aquellas obras que no eran del gusto de Tercer Reich. En alemán se llamaba Entartete Kunst, estaba formado por el arte moderno y se utilizó como parte de la propaganda del régimen para que los ciudadanos vieran con malos ojos al gobierno anterior, que había pagado cifras exorbitadas por obras que no merecían la pena. La ideología nazi, con el arte heroico como seña de identidad, se oponía con dureza a la deformación y el desvío de la belleza clásica que suponían las vanguardias.

A raíz de este contexto, hubo figuras que fueron especialmente designadas por cargos del régimen para desempeñar una labor delicada: desvalijar las preciadas colecciones museísticas de cada territorio ocupado y elegir las obras que más agradaran al Führer para su soñado museo en la ciudad de Linz y a otros, como Göring, quien en su mansión de Karinhall poseyó una de las más ricas colecciones de arte expoliado. Pero también hubo encargados de gestionar las obras de arte degenerado y hacer lo que más conviniera con ellas. Aquí entra en el juego Hildebrand Gurlitt (1895-1956), marchante de arte, que tras trabajar en el Museo de  Zwickau como director fue destituido del cargo por su ascendencia judía. Posteriormente fue elegido por el Ministerio de Propaganda para vender obras de arte degenerado en el exterior. Además de esto, durante la guerra y tras el proceso de desnazificación que vivió tras el conflicto, Hildebrand atesoró una completa colección de 1.500 obras de arte moderno que legó a su hijo.

hombres de los monumentos

Esta colección pasó inadvertida hasta hace tan poco debido a que los interrogatorios a los que fue sometido el marchante no fueron concluyentes y los archivos que habían logrado obtener los aliados se correspondían con las obras de arte entregadas, mientras que otras muchas, insistía Hildebrand, pertenecían a su familia.

Su hijo, Cornelius, guardaba celosamente las obras de arte que considera de su posesión y mantenía apiladas en su casa. Fue en 2011 cuando las autoridades alemanas comenzaron a advertir un comportamiento extraño en este hombre que llevaba miles de euros en un portafolio durante un viaje de Zurich a Munich. Desde entonces se le investigó de cerca hasta que se desarrolló una operación para entrar en su casa, donde encontraron el que ya se ha llamado: el tesoro de Munich. Obras de Matisse, Picasso, Klee, Chagall, Franz Marc y muchos otros artistas, que fueron expropiadas o compradas por los gobernantes alemanes del Tercer Reich, y que Hildebrand se había encargado de mantener a salvo y escondidos de los que eran sus verdaderos dueños.

Casa-donde-aparecieron-pinturas-robadas-por-nazis-AFPDesde entonces la colección ha sido sometida a pruebas y diversos estudios sin que ningún dato saliera a la luz, hasta que Focus, una revista alemana, desveló el hallazgo que ha desatado una guerra mediática y reabierto heridas de la Segunda Guerra Mundial, ya que muchas obras de arte desaparecieron sin dejar rastro y los herederos de las mismas no quedan claros. La presión y la necesidad de transparencia, han forzado a las autoridades alemanas a elaborar una lista de algunas de las obras, además de entrar en tribunales para decidir los términos legales de la restitución de este tesoro artístico, así como la sanción que debe ser impuesta a Cornelius Gurlitt.

Aún con la pluma húmeda con los ríos de tinta derramados por esta noticia que ha removido antiguos rencores, conviene reflexionar sobre el desconocimiento del paradero de muchas de las obras desaparecidas durante el régimen nazi. Tesoros de los que se tienen registros históricos y que se han desvanecido después de una guerra que no se redujo al empleo de armas, si no que atacó a la cultura con graves consecuencias.

Fuentes de imágenes:

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