“Se mira, pero no se toca”. La mitificación del museo

El arte esta para provocar en cada uno una sensación, un sentimiento. Algo que entra por la vista de una manera impactante, y en ocasiones a través de otros sentidos. Algunas obras están hechas para ser vistas, pero muchas otras para ser escuchadas, olfateadas e incluso para ser tocadas. No es raro que a todos nos haya pasado que al acercarnos demasiado a una pieza de museo, nos hayan llamado la atención “¡Tch! Está prohibido tocar la obra, se mira pero no se toca”.

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Constantine Brancusi era un escultor de origen rumano conocido por ser el creador de esculturas “para ser tocadas”. Sus formas ovaladas invitaban al espectador abiertamente a que tocaran el material del que estaba compuesta la obra para completar el significado de esta misma. Pautas como estas serán las que irán preparando el camino a los nuevos escultores del siglo XX.

Durante la carrera estudié la obra de un artista llamado Carl Andre, un artista del minimal. Sus “Floor series, eran a primera vista unos simples tableros de ajedrez. Estas obras constan de unas placas metálicas de cobre, plomo y magnesio que se disponen sobre el suelo. El color es bastante diferente, antes de oxidarse este último reflejaba la luz, pero el de plomo la absorbía. Pero lo más interesante es que para experimentar del todo esta pieza, había que caminar sobre ella. Al hacerlo se oyen sonidos diferentes y se sienten texturas distintas. Al propio artista no le importaba que sus piezas acabaran deteriorándose o se rompieran porque eso era una huella más del paso del tiempo.

The Floor Series

 

“no pretendo dotar a mis obras de un estado ideal. Cuando la gente camina sobre ellas, cuando el acero se oxida, los ladrillos se deshacen y los materiales se desgastan, la obra se convierte en una especie de registro de todo lo que ha ocurrido”.
                                                                                                               Carl Andre

¿Qué ocurre cuando la norma del museo o centro prevalece sobre la del autor mismo? Hoy en día nos encontramos con obras que aunque originalmente se dispusieron de manera que pudieran ser tocadas y experimentadas, en muchas ocasiones es el museo quien no permite que estas acciones se lleven a cabo. Ellos se basan en que es la mejor manera para conservar la obra, pero ¿no nos estaremos perdiendo parte de esta, al no poder ser entendida en su totalidad?

Son este tipo de cosas las que nos han llevado a crear una especie de “atmósfera mística” alrededor de los museos, un aire cargado de una sensación entre respeto y acongoje que te acompaña durante todo el recorrido. Cuando entras en una de estas salas, te entra la sensación de estar controlado como si de un “gran hermano” se tratase, pendiente de tus pasos, y atento para en cualquier momento decirte que no puedes tocar, no puedes hablar, no puedes respirar…

¿Dónde se origina todo esto? Hace unos días pudimos intercambiar unas palabras con Alfonso González-Calero, director de Art Room, investigación y arte. Nos comentó algo que nos pareció muy interesante y es que (aunque cada vez menos) las generaciones tienen su primer contacto directo con el arte en las iglesias. Cuando eres un niño o niña y llegas a uno de esos sitios de enormes proporciones, oscuros, tenebrosos, con olor a madera antigua. En seguida ves retablos y esculturas inquietantes, y lo primero que te enseñan es a que guardes silencio, “aquí no se puede hablar a viva voz, hay que guardar respeto”.

¿Es posible que ese primer contacto con el arte,  esté estrechamente relacionado con el comportamiento de los museos?

Otro problema al que nos lleva todo esto, es el problema de la señalización. Como corderitos hacemos lo que nos dicen, y si no pone en ningún sitio que esto se puede tocar, no lo tocamos. Nunca sabemos con certeza si algunas obras se pueden tocar o no ¿Cómo vamos a si quiera pensarlo cuando nos han enseñado a no hacerlo? Es por ello que tiene que haber carteles enormes con luces de neón diciendo que SI se pueden tocar, para que la gente tímidamente se acerque a probar.

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Por suerte no todo está perdido, también contamos con exposiciones donde nos piden expresamente que toquemos, como era el caso de Cosmo Caixa. Hoy en día podemos visitar el museo Tiflológico, un proyecto de la ONCE que nos invita a conocer de primera “mano” obras de arte. Aquí dejo un link donde poder encontrar más información acerca del museo y sus exposiciones:

http://museo.once.es/

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2 pensamientos en ““Se mira, pero no se toca”. La mitificación del museo

  1. Chicas, muy buen post y buenas reflexiones. Cuando yo di a Carl André en clase tuve una interesante conversación con mi profesor sobre este tipo de obras y me dijo que aunque las de otros autores si que se pisan y tocan, las de este ya no, aunque como él mismo dice ese era su cometido, pero André esta tan mitificado y su sombra es tan larga que sus alfombras ya no se pisan… En cambio, cuando hace unas semanas fui al Palacio de Velázquez a ver la exposición de Cildo Meireles, fue toda una delicia poder tocar, hacerme fotos con las obras e interactuar con ellas según las indicaciones del autor, algo que normalmente como bien decís no esta permitido y de lo que recelo enormemente, ojalá todas las exposiciones fueran así y no pura contemplación!

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